ARKINKA dedica este número al género arquitectónico del teatro a partir de la incorporación de dos grandes salas nacionales y una menor, distrital y privada, a la infraestructura recreativa de Lima. En efecto, la restauración del Teatro Municipal, la construcción del teatro Nacional y la del teatro Lucía Irurita en Miraflores no sólo constituyen un reflejo del notable incremento experimentado por las actividades escénicas los últimos años, sino la realización de obras arquitectónicas de envergaduras significativas.
Por tratarse de importantes realizaciones efectuadas en un ámbito cultural cuya arquitectura hace muchos años dejó de contar con el acicate de los concursos para lubricar su experiencia profesional, se ha buscado cotejar sus diseños con los de edificios equivalentes en representatividad y tamaño realizados contemporáneamente en el extranjero, a efectos de brindar a nuestra lectoría unos términos de comparación que sirvan para juzgar el nivel de desarrollo de nuestros proyectistas.
Explicablemente, el balance no favorece a la obra peruana. La restauración del teatro Municipal, muy encomiable por haber permitido recuperar una emblemática estructura limeña, y por haber restituido una sala de indiscutible importancia, tanto para propiciar las presentaciones de espectáculos teatrales y musicales en Lima, como para contribuir a la eventual regeneración urbana del centro histórico, constituye un lamentable ejemplo de la decadencia arquitectónica que padece el Perú. Su principal defecto radica en el criterio con el que se decidió encarar el problema de recuperar el teatro incendiado. Con los antecedentes tan próximos de las restauraciones de los teatros de La Fenice, en Venecia, y del Liceo, en Barcelona, lo menos que pudo haberse esperado es que las decisiones arquitectónicas relativas a la dicotomía entre las posiciones conservacionistas y las innovadoras se hubieran resuelto cotejando cabalmente y en base a criterios profesionales y culturales debidamente ilustrados, la conveniencia y las maneras de adoptar cualquiera de ambas opciones. En cambio, desconociendo las elementales condiciones relativas al rango de calidad arquitectónica que un edificio histórico tiene que exhibir para optar por su reconstrucción mimética, así como la disponibilidad de los recursos tecnológicos - en este caso esencialmente artesanales – de los que habría que disponer para lograr una realización congruente y fidedigna, la restauración ejecutada revela una superficialidad profesional e historicista reñida con la calidad académica de la arquitectura original del edificio. A mayor agravamiento, la obra decorativa y sus acabados son de un supino mal gusto, lo que rebaja a su arquitectura a un nivel de mediocridad impropia del linaje arquitectónico de Lima y del propio Teatro Municipal.
El breve espacio que compete a un editorial no permite formular una crítica más sustentada y detallada. Esta revista va a procurar llevar a cabo un debate profesional e interuniversitario sobre una experiencia que considera de la mayor gravedad, a efectos de brindar a sus lectores, al gremio de los arquitectos y a la ciudadanía, en general, una apreciación objetiva y rigurosa de estas obras.