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Último número
editorial
N° 200
JULIO 2012
El bicentésimo número que ARKINKA publica con esta edición no sólo nos enorgullece porque creemos, sin falsa modestia, que entraña un logro poco habitual en la trayectoria del periodismo peruano. También nos halaga porque constituye la evidencia de un largo periplo durante el cual la experiencia misma de la arquitectura, y más cabalmente lo que corresponde a su difusión, ha ido mutando acentuadamente, al punto que en la actualidad no sólo se ve confrontada ante un destino que asoma como incompatible con los fundamentos de su propia historia, sino infiltrado por la influencia que el consumo y la información vienen ejerciendo en el devenir de sus fundamentos.
Cuando nació ARKINKA la arquitectura aun transitaba el cauce brumoso que le impuso la incertidumbre que acarreó la crisis de supervivencia del orden moderno, primero signada por la amenaza de una regresión caricaturesca - aquella post-modernidad nostálgica y neoacadémica surgida como una respuesta tan reaccionaria como inconsistente frente al advenimiento del sentido crítico a que dio lugar la degradación del racionalismo funcional y aséptico engendrado y consolidado antes de la Guerra, que al ser invocado para conducir la reconstrucción, fue utilizado malinterpretando sus bases tectónicas, en provecho de un rol comercial tan apócrifo como degradante. ARKINKA se inició al periclitar los diversos picos a que dio lugar la obra postmoderna, identificada con contribuir al sostenimiento de la vigencia del orden Moderno, de aquella acepción cifrada en el potencial labrado en torno a la síntesis que representó la formulación del nuevo proyecto como el crisol que conjugaría estéticamente sus bases complejas.
En estos quince años ARKINKA ha intentado crearle un espacio a ese proyecto, una referencia que interpretara desde la atalaya de medio como el peruano - heredero de una cultura cifrada manifiestamente en obras construidas, pero afectado por las consecuencias de un cambio social que ha trastocado su herencia urbana e interrumpido la continuidad de su arquitectura – las múltiples claves de su actualidad convocando a la concomitancia entre lo local y lo universal, entre lo humanístico y lo tecnológico, entre lo social y lo individual. Fue instituida como una revista mensual porque entendemos que la información que nos concernía debía difundirse periódicamente y dentro de un lapso regular y estrecho, a efectos de poder cubrir una producción que por ser global es siempre copiosa, y proporcionar un material crítico y documental que representaran la enorme amplitud y diversidad implícitas globalmente en la arquitectura.
Explicablemente, estas intenciones han debido tratarse dentro de las posibilidades económicas y profesionales de que disponíamos. Dentro de este marco hemos procurado mantenernos fieles a las intenciones que nos motivaron. Ahora enfrentamos al gran desafío que entraña la propagación del ordenador y la multitud de medios de información, intercambio y relación social que ha acarreado el uso cada vez más amplio de  la cibernética. Allí apuntamos, convencidos de que estos quince años son prueba palpable de que nos debemos a unos propósitos no sólo vigentes sino dependientes de una resistencia cada vez más ardua.