ARKINKA dedica este número al tema de la vivienda multifamiliar reuniendo un grupo de edificios provenientes de varias partes del mundo, con la finalidad de hacer evidente la pluralidad conceptual que caracteriza a este género en la actualidad. En efecto, a través de los casos incluidos de obras realizadas en España, Holanda, Estados Unidos, Italia y Perú, resulta evidente que una de las manifestaciones más características de la producción arquitectónica contemporánea, como es la vivienda, se encuentra igualmente afectada por esa tenencia a objetivar una arquitectura que, originada en el surgimiento de un orden social nacido de un proceso de urbanización ligado a la concentración de la actividad pública, la recreación y el intercambio social, ha adquirido genéricamente las características adoptadas por la arquitectura comercial o institucional, vale decir el sentido histriónico e individualista que la ha apartado lamentablemente del sentido estético, pausado y tectónico, inherente a su rango artístico.
Librada al fárrago de la competencia impuesta por la ingerencia de la informática, la publicidad y la información en la evolución de nuestra cultura, e igualmente por esa codicia que ha acarreado la crisis que hoy padecemos, también la vivienda parece haber sucumbido a la tentación de buscar identificarse estridentemente, para afirmar su predominancia comercial o urbana. Alejándose del rol esencial que le competía – y aun le compete –como el componente mas característico y mas difundido, tanto de la construcción de un orden urbano o territorial, como de la formación de un orden cívico y cultural que provea a la ciudadanía de un marco social estable y armónico, la vivienda actual se muestra inspirada en unos valores contrarios a esos nobles fines, en ser preeminente en base a evocar los rasgos efímeros, impactantes o anestesiantes a partir de los cuales la publicidad y la información han instituido lamentablemente las bases de una cultura tan improvisada como hedonista e intrascendente.
Siendo indiscutible que una ciudad es un organismo que en nuestro tiempo deviene de la concurrencia, a veces masiva, de vivienda urbana –sea mediante edificios, condominios o casa aisladas– lo es igualmente que la imposición de un orden visual basado en el egoísmo y en lo individual desnaturaliza su rol colectivo, en tanto genera contextos urbanos o infiltra al paisaje con obras ajenas a su rol gregario, por lo general abocadas descaradamente a la instauración de un marco caótico, histérico y perturbador para el ciudadano.
Por cierto, no es este un problema que incumba exclusivamente a la arquitectura. Más bien, es esta una víctima de una cultura visual provocada por el surgimiento voraz e insaciable del orden mediático, una imposición que la ha desbordado social e intelectualmente, relegándola al indigno rol de una actividad subalterna o incidental de sus intereses. Esta situación es por cierto crítica en tanto acarrea el riesgo gravísimo de causar la disolución de nuestras ciudades, libradas ahora a la inserción de obras narcisistas o a la diseminación de áreas suburbanas tramadas por lo general con un sentido meramente mercantil o político, y ajenas por cierto al rol que les toca como ingredientes de un organismo social supuesto a proveer entornos que animen y exalten la vida de los ciudadanos.
No es que los casos que aquí se publican merezcan los cargos que se han formulado a la obra multifamiliar que hoy se reproduce incesantemente. Casi todos ellos representan obras encomiables, por cuanto en su mayoría se ubican en lugares ajenos al tejido urbano, y más bien procuran forjar áreas vecinales de buena factura. Pero no es el caso cuando la vivienda abdica de su rol urbano, cuando como el género más amplio y más difundido se empeña en la disonancia y la diversidad. Este es el caso de lo que ocurre ahora en la mayoría de los centros urbanos contemporáneos -particularmente en los del Tercer Mundo- lo que ha pervertido ciudades antiguas o contaminando la expansión urbana de nuestras metrópolis. Se trata de un tema que debiera incumbir a la formación de los arquitectos, y a sus instituciones gremiales.
Ojala la evidencia de estos ejemplos mueva a meditar sobre un asunto tan grave y preocupante.